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Meditación

Hoy me gustaría hablar de algo que descubrí mientras trabajaba como becaria en el Hospital Clínic… la meditación. Desde que me inicié en este mundo, mi vida cambió para bien. Y es que antes cuando la gente me hablaba de meditación, yo pensaba en todas las excusas posibles para no hacerla. Decía que no tenía tiempo, que no iba con mi carácter, bla bla bla… hasta que sólo tuve que intentarlo una vez y me enganché, así que este post va dedicado a la meditación.

Para poder embarcarnos en la práctica de la meditación con atención plena, debemos tener presente que así como hacemos tiempo para comer y dormir, debemos intentar dedicar un espacio diario a meditar. Muchos autores recomiendan hacerlo por la mañana, pero yo creo que cada uno debe encontrar la hora y el momento en el que se siente listo y preparado.

Es preferible un período donde podamos estar solos, y poner una nota de simplicidad en ese tiempo en el que pondremos en práctica la meditación.

Hay varias formas de meditar y seguro que la que más os suena es la persona sentada con las manos sobre las rodillas, juntando los dedos en forma de círculo. Sin embargo existen muchas otras maneras para empezar, que creo que son más fáciles, y que permiten concientizarnos de nuestro entorno y cuerpo, y poco a poco nos llevarán a las técnicas más “complejas”; lo pongo entre comillas porque soy firme creyente de que la práctica hace al maestro…

En contextos meditativos, la práctica significa estar presente. Curiosamente estaba leyendo un artículo en una revista que publican aquí en España, llamada Integral, donde comentan que un investigador en la Universidad de Montreal afirma que “la meditaciónno sólo ayuda a aliviar el dolor del alma sino que consigue aliviar también el dolor del cuerpo”… Esto de hecho ya se pone en práctica en algunos centros de Estados Unidos, con enfermos de cáncer que se encuentran en estado terminal con mucho dolor, y la meditación ayuda a aliviar sus dolencias.

Para poder meditar no hay una receta exacta, ya que cada persona tiene un proceso de aprendizaje distinto y hábitos de vida diferentes; por lo tanto el camino que cada individuo sigue siempre será único, pero os aseguro que valdrá la pena.

Es crucial poner la mente en modo “presente”, es decir no pensar en qué haré en media hora, o que hice ayer, o que planearé para el fin de semana.

Crear conciencia, ese es el camino de aprendizaje, y no es fácil,  porque nuestra mente siempre de una manera u otra trata de controlar las cosas o a nosotros mismos… Nuestra mente es tan poderosa que si empezamos esta práctica con predisposición de que no va a funcionar probablemente no funcionará, así que la mejor manera de embarcarnos en este camino es con una mente abierta y dispuesta.

Según uno de los maestros en enseñar técnicas de meditación, y citado en muchas ocasiones John Kabat-Zinn, hay 7 cimientos para la práctica de la atención.

1- No juzgarnos tanto: siempre estamos generando ideas de nuestras experiencias. Este hábito nos lleva a categorizar las ideas, a veces ni nos damos cuenta de que lo hacemos; es un proceso automático el cual en muchas ocasiones no tiene fundamentos ni cimientos fuertes. Estos pensamientos atestan nuestra mente y dificultan la búsqueda de tranquilidad y Paz.

2- Paciencia, mucha paciencia:

Un proverbio persa dice: “La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”.

Me pregunto ¿por qué tenemos que ser impacientes con nosotros mismos?

Tengo una experiencia personal que quisiera compartir con vosotros.

Hace unos diez años, mi vida se basaba en poner un check en cada hora de mi agenda. Si no lo lograba al final del día, sentía que había fracasado en las tareas que no había podido marcar. De repente me di cuenta que trataba de llevar una vida frenética, y que era imposible… porque el día solo tiene 24 horas y yo tenía planeadas actividades para más de lo que mi cuerpo y capacidad podían acaparar.
Ahora sigo llevando una agenda, pero no tiene nada que ver con la anterior, simplemente la llevo porque me gusta el orden, y acordarme de las cosas; pero si no logro realizar algo un día en particular lo asumo con paciencia. Es decir somos humanos y tenemos tantas horas al día para trabajar y como se dice “Roma no se construyó en un día” ¿no?

Tenemos que recordar que no estamos obligados a llenar todos nuestros momentos del día con actividades y con pensamientos, para que ese día nos traiga riquezas. Ser pacientes nos permite estar abiertos a cada instante, aceptándolo y sabiendo que las cosas no siempre siguen el curso o camino que deseamos.

3- La mente del que empieza:

Yo no tengo muchos recuerdos de cuando era bebé, pero ahora sé que los peques son tan receptivos a todo. Debemos intentar ver este proceso como niños, con su receptividad, que nos ayudará a ver nuevas posibilidades, y quedarnos atrapados y fijarnos en lo que no podemos antes que lo que estamos aprendiendo y aceptando.

4- Confiar en nosotros:

Somos únicos y por lo tanto el proceso de cada persona es diferente, por eso hay que confiar que poco a poco lo lograremos.

5- Sin esfuerzo es mejor:

Casi todo en nuestra vida tiene un propósito, una meta, pero esta meta puede llegar a ser un obstáculo en la meditaciónNo podemos pretender que el primer día que meditemos lo hagamos perfecto y para el fin del mes seremos máster.

Es mejor no fijarse objetivos tan ambiciosos porque podemos desilusionarnos, ya que el proceso es diferente para cada uno.

6- Saber aceptar:

Esta base es un poco difícil de explicar, porque saber aceptar no significa darse por vencido. Saber aceptarnos a nosotros mismo no significa que nacimos de una manera y todo el mundo nos tiene que aceptar porque así somos; hay que ser conscientes de que podemos mejorar. En meditación cultivar la aceptación de cada momento ayuda a no imponer ideas de que debemos sentir o pensar.

7- Dejar ir:

Cuando empezamos a prestar atención a lo que realmente pasa dentro de nosotros, muchas veces hay sentimientos o pensamientos a los que queremos arraigarnos.

Algunos pueden ser placenteros, otros traernos recuerdos de cosas tristes o dolorosas. Dejar ir esos pensamientos o sentimientos es la manera de aceptar las cosas como son, no como quisiéramos que fueran.

Después de haber descrito los 7 cimientos para una buena meditación, quisiera hablar del body scan que es un tipo de meditación muy fácil de poner en práctica. Lo más importante antes de empezar a meditar es prestar atención a nuestra respiración. Desde el momento que nacemos, respirar es la acción más natural que realizamos a lo largo de nuestra vida. Sin respiración no hay vida. Pero ¿cuántas veces realmente prestamos atención a nuestra respiración? Seguro que muy pocas veces, y es debido a que es algo que realizamos automáticamente. Ciertamente nos damos cuenta de lo importante que es cuando hacemos ejercicio y nos quedamos sin aliento, o cuando tenemos una gripe muy fuerte y nos cuesta respirar.

Ahí, y sólo en esos momentos fuera de lo cotidiano, ponemos atención a la respiración.

Para meditar el rol de la respiración es clave; no obstante prestar atención no significa que tengamos que forzarla. Meramente prestar atención no es lo mismo que pensar en nuestra respiración.

Lo importante  es que funcione como un ancla para mejorar nuestra atención. Como ya comenté con anterioridad meditar no significa que dejemos nuestros pensamientos a un lado. Me recuerdo cuando empecé (que realmente no fue hace mucho tiempo), mi mente me recordaba una pequeña radio que mi papá tenía sobre su mesa de noche. Cuando la encendía tenía que levantar la antena y sintonizar la estación que quería escuchar; mientras iba cambiando de estación por momentos se escuchaban dos estaciones a la vez. Mi mente era como la sintonización de una vieja radio, llena de ideas incluso distintas al mismo momento.

Al principio de la meditación la actividad de los pensamientos siempre tratará de sacarnos del camino de la calma y concentración.  Pero con la práctica aprendemos a dejar fluir nuestros pensamientos.

En el  “body scan” ponemos nuestra atención en cada parte de nuestro cuerpo.

Muchas veces observamos cosas que nos desagradan de nuestro cuerpo. Constantemente pensamos que quisiéramos una mejor figura, y nos criticamos. No hay nada malo en querer mejorar y estar saludable, pero la constante atención con un fondo negativo hace que nos disociemos de nuestro cuerpo cada vez más y no realicemos que somos afortunados por tener un cuerpo sano que nos permite llevar una vida normal, a diferencia de otros que no tienen esa posibilidad.

Este ejercicio es un resumen del que podéis encontrar en el libro de John Kabat-Zinn “Full Catastrophe Living”.

Por lo tanto, tratemos de encontrar un lugar tranquilo donde podamos recostarnos con nuestra espalda cómoda, ya sea en la cama o en el piso, con una esterilla de ejercicio o yoga  y cubrirnos con una manta para no tener frío. Por experiencia propia recomiendo no hacerlo a oscuras, por lo menos al principio, porque uno tiende a relajarse y quedarse dormido y ese no es el propósito de la meditación. Entonces podemos cerrar los ojos (si lo deseamos) y empezar a notar como el aire entra y sale de nuestro cuerpo, y como nuestra barriga se expande y contrae con cada inspiración y expiración.

Luego trasladamos nuestra atención a los dedos de los pies, empezando por el pie izquierdo y canalizamos la respiración a esta parte del cuerpo. Podemos centrar la atención a las sensaciones que vienen a nuestra cabeza, y si no hay ninguna no importa, lo que interesa es imaginar nuestra respiración viajando por el cuerpo. Cuando estamos listos para dejar los dedos de los pies, nos centramos en la región de nuestro talón, en el arco del pie; subiendo a la pantorrilla hasta la rodilla y nuestro muslo. Hay que tomarse tiempo y no apresurar el ejercicio, hacerlo con intención y sin pensar en llegar a la meta, puesto que no es una carrera; siempre respirando y canalizando la respiración a la parte del cuerpo a la que estamos prestando atención.  Luego pasamos a la otra pierna, y repetimos el mismo procedimiento.

Después tomamos tiempo en canalizar la respiración a la parte baja de nuestra espalda, el sacro, subiendo lentamente por toda nuestra columna, llegando al pecho y tomando nuevamente  conciencia de nuestro esternón y nuestro corazón. A continuación seguimos con el cuello, la cervical, la garganta, los labios, los huesos de las mejillas, los ojos. Cualquier tensión que exista, con el aire que llevamos a esta parte de nuestro cuerpo, la vamos relajando. Llegamos a la cabeza y la coronilla y aquí tomamos conciencia de cómo la energía entra, como si tuviéramos un hueco imaginario en el centro de nuestra cabeza y con la respiración la energía entra y fluye por todo el cuerpo. Hay que tomarse unos minutos para realizar este último paso.

Cuando estamos listos, poco a poco empezamos a mover los pies, las manos, y lentamente salimos de este estado de relajación profunda.

El propósito de esta práctica es explorar la auto-aceptación y el no esfuerzo como maneras de ser. Nos permite ver y sentir sin tener ideas preconcebidas; esta técnica no se basa en llegar a algún lado sino de tener conciencia plena y entender la realidad exactamente como es.

Aprender a relajarse y meditar es algo indispensable para una vida sana y plena.